segunda-feira, 20 de outubro de 2008

Mi animal de estimación (corregido)

En mi niñez tuve un perro que se llamaba Rex, era muy grande y valiente. Él llegó a mi casa a través de mi abuelo, que lo encontró indefenso en la calle y resolvió cuidar de él. Todos decían que no superviviría porque estaba muy debilitado y todavía era pequeñito, pero mi abuelo cuidó de él transformándolo en un gran perro saludable.
Me acuerdo de un día en que todos fueron trabajar y me quedé durmiendo. Mi abuelo olvidó la puerta del patio abierta. Entonces, mi perro aprovechó la oportunidad, entró en casa y se acostó en el sofá que se quedaba frente a mi cuarto. Él se puso en guardia y quedó mirándome hasta la hora que levanté, como si estuviera protegiéndome de algo.
Durante mucho tiempo Rex fue el guardián de la casa, él vivió unos 10 años y cuando se murió, yo anduve de capa caída por muchos días. Y hasta hoy, lo echo de menos. Pero los años se pasaron y un día un amigo de mi familia nos dio un perro, pues no tenía más como crearlo. A mi familia le gustó la idea, pero yo lo acepté a regañadientes. Porque no querría otro perro después de la muerte de Rex.
Sin embargo, de la noche a la mañana, él ya me había conquistado porque era muy cariñoso y juguetón. Mi hermana y yo lo nombramos de Buba (es lo que está en la foto). Me encanta muchísimo toda vez que llego a mi casa y él hace una fiesta y sale corriendo en mi dirección, es muy amable. Por esos motivos es que soy adepta de la frase que habla que el perro es el mejor amigo del hombre.

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